C/ Recogidas 24, Portal B, Escalera B, 2ºB. 18002 Granada, Tlf: 958 25 52 03, e-mail: asociacion@aldaima.org
Mostrando entradas con la etiqueta acogimiento y adopción. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta acogimiento y adopción. Mostrar todas las entradas

miércoles

El 92% de los menores alcanzaron una convivencia positiva con la familia de acogida

La mayoría de menores en acogimiento familiar se adapta positivamente en contra de la creencia popular


La mayoría de menores en situación de acogimiento se adapta positivamente a la familia de acogida según un estudio realizado desde el grupo de investigación Desarrollo y Contextos Educativos de la Universitat Jaume I de Castellón, que concluye que el autoconcepto que tiene de sí mismo el menor es la variable más determinante de cara a una correcta adaptación a la familia y revela que es falsa la creencia popular de que son menores muy problemáticos.


En el caso de la provincia de Castellón, analizado en la tesis “La adaptación del menor al proceso de acogimiento familiar”, el 92% de los menores a los que se hizo seguimiento alcanzaron una convivencia positiva con la familia de acogida y el 60% de ellos no presentaban problemas psicológicos de ningún tipo.

A pesar de que los menores en acogida proceden de familias multiproblemáticas, con antecedentes de negligencia principalmente, presentan después de más de un año conviviendo con las familias de acogidas altos niveles generales de autoconcepto, ausencia de problemas psicológicos y una buena adaptación al acogimiento valorada por ellos mismos y por los profesionales. Alicia Ballester, autora de la tesis, destaca que estas conclusiones ofrecen “una visión positiva sobre el crecimiento personal e interpersonal ante la adversidad del menor en acogida”.

Para el desarrollo de la tesis se estudió la situación de 25 menores, que representaban la práctica totalidad de casos de acogimiento familiar en la provincia de Castellón ya que únicamente se excluyeron los casos de bebés y aquellos que llevaban menos de un año con la familia de acogida. En este sentido, Lidón Villanueva, profesora de Psicología Evolutiva y de la Educación y directora de la tesis, destaca el escaso número en la provincia de Castellón de familias ajenas de acogida, es decir, aquellas que no tienen ningún lazo biológico con el menor.

“El estudio revela que es falsa la creencia de que el menor en acogida tiene problemáticas importantes, ya que en la mayoría de los casos no aparecen problemas psicológicos ni de ningún tipo a pesar de haber pasado algunos de ellos por experiencias de maltrato, por acogimientos residenciales y por situaciones que harían probable que aparecieran problemas. Pero el dato curioso y optimista es que no se dan y, en todo caso, si se presentan problemas son mayoritariamente de conducta”, explica Villanueva.

El estudio ha analizado diversas variables como las condiciones previas del menor, las características de los padres de acogida, la personalidad del menor, etc., resultando que la variable que mejor permite predecir una buena adaptación es el autoconcepto del menor. “De todas las variables estudiadas, la que nos da la pista de si va a estar bien es el concepto que el menor tenga o se esté formando de sí mismo”. “La mejora de este autoconcepto es en gran medida resultado del efecto positivo de los padres de acogida, del cariño y el amor que le dan”, explica la investigadora ya que “el niño muchas veces por primera vez obtiene una imagen positiva de sí mismo y eso le ayuda a adaptarse mejor y a crecer”. Por ello, entre las conclusiones de la tesis se destaca la necesidad de formar a los padres de acogida en habilidades de estimulación y potenciación del autoconcepto. “Nos interesa el éxito de la acogida y sabemos que trabajando el autoconcepto va a ir bien”, destaca la investigadora.

En el caso de los menores que han sufrido situaciones de maltratos, el autoconcepto suele ser más negativo, según revela el estudio. Sin embargo, “aquellos menores cuyos padres tienen alguna problemática como adicciones, problemas psicológicos, etc., presentan autoconceptos más altos incluso que la media, es decir, ante las dificultades de sus padres ellos tienen la capacidad de distanciarse y ser autónomos, de decir esos son los problemas de mis padres y yo soy otra cosa. Eso dice mucho a favor de la resiliencia de estos niños para salir adelante y del efecto de las familias acogedoras con las que están”. La media del tiempo de permanencia con la familia de acogida entre los menores estudiados era de 6 años y la conclusión es que “esa permanencia en una familia positiva hace que los menores puedan superar sus experiencias pasadas, distanciarse de ellas, crecer y renacer frente a la adversidad. Este es el mensaje más positivo de este estudio”, resalta la profesora.

La metodología utilizada para desarrollar el estudio ha consistido en la realización de cuestionarios a los menores, a las familias de acogida y a los técnicos encargados de realizar el seguimiento, que se repitieron a los dos años. En este tiempo, de los 25 menores analizados, únicamente se produjo un caso de renuncia por parte de la familia de acogida ante los problemas de adaptación; mientras que otra de las menores decidió volver con su familia biológica al alcanzar la mayoría de edad. En este caso, Lidón Villanueva asegura que “lo normal es que cuando vuelva con sus padres ese autoconcepto, esas habilidades que ha adquirido las mantenga e incluso las transmita a su familia biológica”.

Faltan familias de acogida


El perfil de las familias acogedoras en la provincia de Castellón es de padres con estudios medios y con edades muy altas, el 80% de los cuales tienen hijos biológicos y algunos incluso nietos. En gran parte de los casos la madre, ama de casa, se encarga del cuidado de los menores. Además, la mayoría tienen acogimientos sucesivos ya que casi todos repiten. “Para las familias la experiencia es totalmente positiva, desearían más espacio físico y más tiempo para tener más oportunidades de ayudar a los chavales. Y eso a pesar de que cuentan que el momento de la despedida es duro, porque es necesario que se produzca una vinculación afectiva, pero ellos tienen la gratificación de que pueden acoger a un nuevo menor y de que luego muchos mantienen relación”. Desde el primer momento que entra el menor a una casa, los técnicos advierten a la familia de que tienen que preparar la despedida. Por ello, el acogimiento es un sentimiento altruista, sin sentido de propiedad y en el que lo que se busca es hacer el bien a muchos niños y niñas.

El bajo número de familias acogedoras en la provincia de Castellón hace necesaria, según Villanueva, la difusión de este recurso, especialmente entre nuevos perfiles como colectivos relacionados con el cuidado a los demás, de forma que se contara también con familias acogedoras más profesionalizadas como ocurre en otros países europeos y que resultan especialmente útiles para la acogida de menores que requieren cuidados especiales. Además de este tipo de acogimiento de menores con necesidades educativas especiales, hay distintos tipos de acogimientos: de urgencia, para tan solo unos días o semanas hasta que se busque una salida a una situación sobrevenida; acogimiento simple, de uno o dos años; y permanente, cuando se superan estos tiempos. Entre las conclusiones de la tesis se hace hincapié en la necesidad de divulgar este recurso con el fin de conseguir más familias voluntarias, de cualquiera de estos tipos, ya que se ha demostrado que los resultados son altamente positivos.

lunes

PADRES DE URGENCIA


Unas 60 familias andaluzas cuidan de niños en desamparo temporal



"Venía triste y le costó sonreír, pero cuando lo ves feliz la satisfacción es inmensa". María del Carmen Jódar describe su experiencia en el programa de acogida de menores de urgencia. Ella y su marido Mario Jiménez decidieron formar parte de esta iniciativa y hace seis meses que en casa son uno más. Tienen dos hijas biológicas de siete y dieciséis años. Desde junio un pequeño "terremoto" se sumó a su unidad familiar. "Luego hay que separarse y lo pasas mal, pero merece la pena".

El programa busca voluntarios para evitar que los niños sean internados


Como ellos hay en Andalucía unas 60 familias que se han adherido al plan, pero la necesidad es mucho mayor. En los centros de acogida de la comunidad autónoma hay 321 menores que podrían pasar de forma transitoria a una familia con estas características. Los padres tienen que estar disponibles 24 horas porque nunca se sabe cuando va a llegar el menor. Deben poder acoger a dos y no cuentan con información previa sobre su situación. A cambio reciben una remuneración.
Precisamente ese tiempo, el que son acogidos, permite realizar al equipo correspondiente un estudio sobre la situación del menor y proponer la medida más adecuada para éste: que retorne con su familia biológica o que la Administración adopte otra medida estable en el caso de que la situación familiar no lo sea y eso entrañe un riesgo para el niño.
El programa está en marcha desde 1996 en Sevilla y Cádiz, que son las provincias en las que la implantación es mayor, con 24 y 15 familias valoradas y en activo respectivamente. La experiencia se implantó en toda Andalucía a finales de 2008 y poco a poco va arrancando.
"Por la forma de ser, la concepción de la familia y la solidaridad de la gente en Andalucía el programa marcha bien", reconoce la directora general de Atención al Menor y la Familia de la Junta de Andalucía, Carmen Belinchón. Con todo, faltan padres temporales.
El acogimiento simple con carácter de urgencia va dirigido a menores sobre los que hay que intervenir de forma inmediata y urgente. Se trata de evitar su institucionalización en un centro de acogida y ofrecerles la posibilidad de estar arropados por un ambiente familiar, aunque sea un periodo corto de tiempo. El tiempo de estancia habitual es de seis meses, aunque se puede prorrogar tres meses más. El menor puede salir de la casa en cualquier momento.
Cuando María del Carmen y Mario acogieron al pequeño tenía 15 meses. Desde entonces ha pasado un año y medio. "Ahora es un lorito, pero muy educado", aseguran. Pensar en su marcha no les agrada, pero es la condición. "No acogerlo por eso sería más egoísta, así se les ayuda y hay muchos menores en esa situación", precisa Mario. Es una etapa importante y se les "transmiten valores, afecto, cariño y estabilidad", añade la directora del programa.
Pilar Jiménez es la psicóloga coordinadora del programa de acogimiento de urgencia de Aldaima, la asociación que en Granada sirve de vínculo entre la consejería y las familias interesadas. "La primera motivación es la solidaridad", subraya. Tras una primera llamada telefónica, los candidatos suelen acudir a la sede de la asociación.
"Si continúan interesados se les pasa un cuestionario y posteriormente se les valora", agrega. El 75% de los acogedores de urgencia son matrimonios, les siguen personas viudas (10%) y en último puesto se encuentran las familias monoparentales y solteras, que constituyen un 7% del total respectivamente.
Cualquier persona no vale y hay que velar sobre todo por el interés del menor, que "es lo que nos mueve a todos". Quienes se preocupan y acceden son personas "especiales". Hay otras que llegan con "ideas desajustadas". Captar la atención es fundamental en este programa porque, según Jiménez, "hay gente dispuesta pero no siempre tienen toda la información".
Integrar en el hogar a los menores que no superan los seis años es relativamente fácil, aunque lograr que adquieran determinados hábitos a veces "cuesta su tiempo", agrega Mario. Eso "puede hacer a la gente dar marcha atrás, pero no es justo y además lo compensas rápidamente".
El programa, al que la Junta de Andalucía ha dedicado una inversión de 2,5 millones en el último año, tiene como precepto fundamental que las familias de acogida asuman desde el principio que el menor tiene otra familia con la que volver.
Las dos hijas biológicas de este matrimonio aceptan con naturalidad al pequeño y saben que después de Navidad se irá. Será un trago y nunca se olvida porque ha formado parte de la familia, pero el compromiso es que continúe su vida con otra y que se haga de forma fácil y natural. "Sale de casa, pero queda siempre algo en el hogar", dicen. El caso de María del Carmen y Mario es especial porque, con éste, son ya once los menores mayoritariamente en desamparo que han pasado tiempo en su casa.

Hacen falta familias valientes y solidarias. Cruz Roja de León

Más que besos y abrazos


Ocho menores, con discapacidad o mayores de 12 años, permanecen en los centros de acogida a la espera de familias.


Hacen falta familias valientes y solidarias. Cruz Roja de León y los servicios sociales de la Junta de Castilla y León han reforzado su estrategia para sacar a los niños y niñas de los centros de acogida. Temen que los menores se hagan mayores sin encontrar un hogar. No lo tienen fácil. Ocho menores con un perfil especial permanecen en León en lista de espera para ser acogidos (en la última semana se han producido dos bajas y un alta). Son niños y niñas que necesitan, además de besos y abrazos, cuidados específicos. Pero sus singularidades los convierten en carne de institución. De los ocho menores que están en el centro de León a la espera de una familia de acogida, dos tienen discapacidad intelectual, uno está diagnosticado de un trastorno de déficit de atención con hiperactividad y cuatro son mayores de 12 años. Los datos, facilitados por la Gerencia de Servicios Sociales, reflejan que a estos menores la vida no se lo va a poner fácil. A su corta edad ya conocen lo que significa estar desprotegido, primero por sus discapacidades y después por las carencias de vivienda, físicas, psícológicas o sociales de sus familias, así lo dictaminó un juez y fueron a parar a una institución.
Ninguno de los ocho ha tenido nunca la oportunidad de vivir con una familia y un grupo de hermanos con edades desde los 10 y los 15 años esperan en el centro desde agosto del 2010. «La dificultad en este caso es que la política de los servicios sociales es que no se separe a los hermanos, es decir, que la familia se tiene que llevar a todos», aseguran los técnicos de Cruz Roja
Desde los servicios sociales se apuesta porque sus infancias transcurran en hogares con cuidados familiares. «En contra de lo que se puede pensar, la crisis no ha echado para atrás a las familias que quieren acoger niños, el problema que encuentran estos menores es precisamente por sus circunstancias especiales».

Mejor en casa


El acogimiento familiar es una de las medidas del sistema de protección a la infancia, orientada a niños y niñas que necesitan una atención familiar complementaria o sustitutiva de la de sus propios padres durante un tiempo determinado.
A 31 de diciembre había en la provincia 14 niños y niñas a la espera de una familia. Los más pequeños, si están sanos, tendrán pocas dificultades para salir de los centros.
Las familias acogedoras tienen compensaciones y ayudas económicas.