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viernes

Guía de Salud de los Niños Atendidos por el Sistema de Protección a la Infancia


Pediatras presentan la primera guía de salud de niños en acogida o adopción

Pretende ser una herramienta útil para los profesionales sanitarios, padres acogedores y educadores

Los niños en acogida tienen una serie de necesidades específicas de salud

La Sociedad Española de Pediatría Social (SEPS) y el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, con el apoyo de Ferrer, han colaborado en la creación de la primera «Guía de Salud de los Niños Atendidos por el Sistema de Protección a la Infancia».

En nuestro país, 38.000 niños son atendidos actualmente por el Sistema de Protección a la Infancia. La guía pretende ser una herramienta útil para los profesionales sanitarios, padres acogedores y educadores. En ella encontrarán todas las claves a la hora de tratar las necesidades y problemas de salud de los niños que requieren ser atendidos fuera de su ámbito familiar biológico, y aclaraciones sobre aspectos conceptuales del Sistema de Protección Infantil de nuestro país.

«En la práctica, se aprecia un desconocimiento de los profesionales sanitarios acerca de la asistencia, de los problemas y de las necesidades en salud de esta población infantil, así como de sus obligaciones respecto a la atención de estos niños», sostiene el doctor José Antonio Díaz Huertas, presidente de la Sociedad Española de Pediatría Social (SEPS).

Por otro lado, una de las recomendaciones de esta guía hace hincapié en la familia de acogida como el recurso más adecuado para la atención de los niños que requieren de la intervención de los servicios de protección infantil, «fundamentalmente en los menores de 3 años y especialmente en los menores de 6 años».

La Guía «Salud de los Niños Atendidos por el Sistema de Protección a la Infancia: Acogimiento Residencial, Acogimiento Familiar y Adopción» ha sido realizada por un Grupo de Trabajo de 29 expertos compuesto por pediatras y profesionales con experiencia en la atención a esta población infantil de diferentes provincias, coordinados por los pediatras sociales Ángel Cortés Lozano, José A. Díaz Huertas, Mercedes Rivera Cuello y Antonio Muñoz Hoyos, con el apoyo de la Dirección General de Servicios para la Familia y la Infancia del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

Vía abc.es

jueves

En Andalucía hay 3.824 menores del Sistema de Protección que disfrutan de acogimiento familia


El acogimiento familiar permite una reducción del 30% de los menores de siete años ingresados en centros


familias de acogida granada
El programa de acogimiento familiar de la Junta de Andalucía ha permitido reducir un 30% en los dos últimos años la cifra de menores de siete ingresados en centros de protección, según la consejera de Salud y Bienestar Social, María Jesús Montero, que ha realizado un balance de esta medida de atención a la infancia impulsada por la Administración autonómica.

Así, mientras que a junio de 2010 había 249 de estos menores ingresados en centros, en el mismo mes de este año se contabilizan 174, una evolución que la consejera ha valorado por los beneficios que puede reportar a los menores su desarrollo en un entorno familiar. La consejera ha estado acompañada por la directora general de Personas Mayores, Infancia y Familias, María José Rico.

En total, en Andalucía hay 3.824 menores del Sistema de Protección que disfrutan de acogimiento familiar, de los cuales 2.528 se encuentran con un familiar suyo (abuelos y tíos, fundamentalmente). Esta medida se consolida así como la fórmula de protección mayoritaria en Andalucía, ya que se beneficia de ella el 60% de los 6.141 menores que tienen una medida de protección en la comunidad autónoma.

No obstante, en los centros de protección de Andalucía existen actualmente en torno a 1.500 niños susceptibles de beneficiarse de un acogimiento familiar frente a la institucionalización.

El descenso de los ingresos de los más pequeños en los centros ha sido posible, fundamentalmente, gracias al progresivo aumento de los acogimientos de urgencia, una modalidad destinada exclusivamente a los menores de siete años. En el primer semestre de 2012, un total de 108 menores de siete años fueron acogidos por familias de urgencia en la comunidad, mientras que en todo 2011 fueron 170, lo que ya supuso un aumento del 28% con respecto a 2010.

Dentro de los colectivos de menores que pueden beneficiarse del acogimiento familiar destacan aquellos con unas necesidades especiales que hacen más dificultoso su acogimiento. Se trata de niños que se encuentren en alguna de las siguientes condiciones: superar los siete años, tener una discapacidad física, intelectual o sensorial, padecer una enfermedad crónica, ser portadores del VIH o formar parte de un grupo de hermanos y, por tanto, tener que ser acogidos conjuntamente.

En los centros de protección de Andalucía hay 238 menores con necesidades especiales pendientes de poder beneficiarse de una medida de integración familiar. En la mayoría de los casos -57%- se trata de niños que superan los siete años de edad, y de grupos de hermanos -18%-. Son las provincias de Huelva, Málaga y Sevilla donde se concentra el mayor número de estos menores con necesidades de especiales.

Información telefónica


La Consejería de Salud y Bienestar Social dispone de una línea telefónica (902 102 227), en la que un equipo de profesionales proporciona a las personas interesadas toda la información que necesiten sobre el programa de acogimiento y el modo de colaborar con esta medida de protección de la infancia.

Además, la Junta mantiene convenios con 11 Instituciones Colaboradoras de Integración Familiar para el Acogimiento, unas entidades que cuentan con equipos de profesionales en el campo de la psicología, el trabajo social y el derecho para proporcionar la atención más apropiada que requieren las familias de acogida y los menores acogidos.

Las familias interesadas deben pasar una declaración de idoneidad para realizar el acogimiento, un estudio de carácter gratuito que elaboran equipos de profesionales de las instituciones colaboradoras, a través de sesiones informativas y formativas, y entrevistas psicosociales. Posteriormente, una vez iniciado el proceso de acogimiento, al igual que ocurre con la adopción, un equipo de profesionales se encarga también de hacer un seguimiento de la situación del menor y de dar apoyo a la familia.

El acogimiento familiar es la convivencia e integración de un niño o una niña en una familia, cuando deben ser separados de sus padres o tutores. Así se evita su estancia en centros de protección, les permite desarrollarse en una familia y mantener su vinculación con sus padres y hermanos. El acogimiento familiar es incompatible con el acogimiento preadoptivo o la adopción, que conllevan la ruptura de vínculos del menor con su familia biológica.

Existen distintas modalidades de acogimiento: simple, cuando se prevé una reinserción a corto plazo del menor con la familia biológica, y tiene un plazo máximo de dos años, y permanente, cuando la situación de la familia biológica aconseja una integración más duradera con otra familia y que puede llegar hasta la mayoría de edad del menor.

El cambio de las necesidades de los menores atendidos en el Sistema de Protección ha originado igualmente un cambio en el modelo de intervención y de trabajo, de tal forma que el centro ya no resulta una mera alternativa a la familia hasta que los niños alcanzan la mayoría de edad, sino que debe ser un recurso especializado que la complementa.

La Consejería de Salud y Bienestar Social está trabajando en un nuevo modelo de intervención y de mecanismos de coordinación con el resto del sistema de atención, de los agentes sociales implicados y de las familias para lograr una mejor atención de los menores. Con ese objetivo, va a poner también en funcionamiento un nuevo programa de atención residencial de orientación e inserción social y laboral para jóvenes tutelados, que tienen entre 16 y 18 años y que, por tanto, están próximos a alcanzar la mayoría de edad y a dejar los centros.

Se trata de facilitarles el paso desde la adolescencia hasta la independencia de la vida adulta a través de actuaciones específicas que, con una especial intensidad, desarrollen su autonomía personal y fomenten su integración social y laboral.

Vía ivecinos.es

Reforma de la legislación de protección del menor


Unicef pide reforzar la participación de los menores en los procesos de acogimiento familiar


El responsable de Políticas de Infancia de Unicef, Gabriel González-Bueno, ha solicitado al Gobierno, con motivo de la reforma de la legislación de protección del menor, que se refuerce la participación de éste en los procesos de acogimiento familiar, residencial o adopción.

En declaraciones a Europa Press, González-Bueno ha valorado que el Ejecutivo quiera actualizar esta legislación para favorecer el acogimiento familiar frente al residencial, al considerar éste último el "peor" de los sistemas de protección, pero también ha solicitado que en la futura ley se establezcan unos "criterios comunes y más precisos" sobre lo que significa "escuchar" al menor en estas situaciones.

"Hay que ver cómo se escucha a los menores, cómo se toman las decisiones sobre ellos y cómo se revisan (...) Tiene que haber unos criterios de evaluación y seguimiento que tienen que estar mínimamente aclarados y unificados en la nueva ley, que sirva de marco común para las administraciones autonómicas, que son las que tienen la competencia en este ámbito", ha insistido.

Asimismo, ha advertido de que esta "desjudicialización" del acogimiento familiar con el objetivo de agilizar los procedimientos, tal y como propone el Gobierno en el documento al que ha tenido acceso Europa Press, no conlleve una menor atención al interés superior del menor. Según el borrador, será la administración competente la que tome esta decisión y no un juez.

González-Bueno también ha considerado relevante la propuesta de que pasados dos años desde la declaración de desamparo del niño ya no sea necesario que los padres biológicos den su permiso para dar en acogida o adopción a su hijo. En este sentido, ha señalado que al no existir este límite se estaban produciendo largas o indefinidas estancias en centros residenciales.

"Lo mejor para un niño es que esté en lo más parecido a un entorno familiar", ha explicado, para añadir que la oposición de unos padres biológicos pasado un tiempo determinado "no puede obstaculizar el proceso de acogimiento". En este sentido, ha indicado que los dos años que propone el Gobierno son suficientes.

Además, ha alertado de que el mayor impulso al acogimiento familiar temporal no esté motivado por cuestiones económicas, ya que este tipo de medida también precisa un coste. En este sentido, se ha referido a la necesidad de apoyar a la familia acogedora, sobre todo al inicio del proceso, además de establecer un seguimiento y evaluación para conocer cómo se encuentran las dos partes, tanto el menor como la familia que lo acoge.

Vía EUROPA PRESS

miércoles

Ni el paro, ni la enfermedad, ni la discapacidad les han frenado para acoger

Amores contra viento y marea

Ni el paro, ni la enfermedad, ni la discapacidad han frenado a Federico, Eva e Isabel para acoger a niños tutelados por la administración y darles un nuevo hogar en estos últimos años


Cuando Eva García y Federico García, hace un año, tenían a punto de caramelo la acogida de su segunda hija a través de la asociación Aldaima, ella se quedó en paro. Pero la falta de empleo no amedrentó a este técnico en prevención de riesgos laborales y a esta trabajadora social. Ambos, granadinos para más señas, miraron hacia delante. Eva se cogió la baja por maternidad para recibir en casa a Beatriz (nombre ficticio de la menor, de diez años), que procedía de un centro de acogida de la Junta de Andalucía tras seis meses de visitas, preparación y contactos con los que iban a ser sus futuros padres.
Al final de la baja, a la 'mamá' le salió una oferta de trabajo y se reincorporó al mercado laboral. «La niña llegó con un pan debajo del brazo», bromean ambos. El matrimonio ya tenía un hijo biológico de seis años, Adrián (también nombre irreal).
«Dimos el paso por pura conciencia social, porque ambos creemos que, habiendo tantos niños que lo necesitan, era mejor criar y cuidar a Beatriz que tener otro hijo biológico. Esta era una opción que habíamos barajado incluso desde antes de tener a Adrián», explican. Este modelo de acogimiento es el más estable. El menor permanece con la familia hasta la mayoría de edad como mínimo. La diferencia de este procedimiento con una adopción es, básicamente, que la relación con la familia biológica del menor no se rompe y que la tutela no pasa a los padres de acogida, sino que reside en la administración, que ejerce labores de 'control'.

Contacto con su hermano

En mitad de todo este proceso, a Adrián, el menor de los dos hermanos, le debutó una epilepsia que ya tiene controlada. Eva, además, cayó enferma en su embarazo y a raíz de entonces tiene una discapacidad.
«Estamos muy contentos. Salvo los celos entre los dos niños, que son normales, ha ido genial. Beatriz ha aprobado todo en el colegio y eso que al principio de curso la cosa no pintaba tan bien. Ha sido como Fernando Alonso con un Ferrari, que al final mete el acelerón», narra el padre, que coincide absolutamente con su mujer en que al final los dos menores se adoran y están aprendiendo a compartir afectos y cosas materiales. En algo, sin embargo, discrepan: Federico se planta por el momento ante la idea de ampliar aún más la familia, sin embargo su esposa incluso se atrevería a incorporar algún miembro más, ya fuera como acogedores permanentes o de fin de semana.
Eva se empeña en lanzar un mensaje con fuerza: «A pesar del paro, de la crisis, de los esfuerzos que hay que hacer... esto merece mucho la pena. Es una satisfacción. Beatriz nos llama papá y mamá desde el primer día porque tenía mucha necesidad de afecto y nosotros disfrutamos dándoselo. Al principio ella pedía llenar un gran espacio en casa y era la que mostraba más necesidad de atenciones, más que Adrián, pero nosotros ya habíamos trabajado esto -y aún lo hacemos- con la asociación Aldaima». Esta última es la entidad colaboradora en Granada de la Junta de Andalucía para los acogimientos, y sus trabajadores prestan asesoramiento continuo y profesionalizado en estos procesos. Adrián, al principio, llamaba «princesa» y «divina» a Beatriz, pero cuando vio que había llegado para quedarse ya no le hizo tanta gracia la idea. Ella no paraba de celebrar que tenía un hermano pequeño. «Ahora compiten por la tele, por los juguetes y, por supuesto, se quieren como hermanos. Todo se ha normalizado. Se defienden a muerte», ilustran los generosos progenitores.
Eva narra cómo su familia le precavía de la posibilidad de que la niña pudiese regresar con sus padres biológicos un día. «Yo también vivo a diario con el miedo de que a Adrián le pase algo, enferme o se pueda morir. Esas cosas es mejor no pensarlas, es mejor vivir el día a día y aprovechar el momento», describe la mamá.
«Sería la primera vez en quince años que se revoca una acogida permanente por parte de un juez, porque aquí se llega cuando se han agotado todas las posibilidades con la familia biológica», ilustra a su lado Karima El-Harchi, coordinadora de acogidas en Aldaima.

Un niño especial

Isabel Ramiro es funcionaria, maestra de Educación Especial en un colegio de Armilla, el Jean Piaget. Tiene un hijo de 24 años emancipado y está divorciada. Hace años tuvo otro descendiente con las mismas características que parte de los alumnos con los que trabaja a diario. Su vástago nació con parálisis cerebral, pero murió a los cuatro años.
El crío no para quieto ni un segundo, corre de un lado a otro y tiene escasa capacidad de prestar atención, pero su madre no se altera, sino que responde con calma, sonrisas y besos. Ella ya era consciente de que iba a acoger a un menor con Síndrome de Tourette, un trastorno neurológico que se caracteriza por la presencia de tics. No es degenerativo ni afecta la inteligencia, aunque en algunos casos puede ir asociado a otras patologías como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) o trastornos en el proceso de aprendizaje que pueden causar más dificultades al paciente que los propios tics. Es el caso de Manuel, ya que el niño tiene un «retraso mental moderado y un TDAH».
«Yo he desarrollado una paciencia infinita, además me lo llevo conmigo a todas partes. La vida con un hijo discapacitado no es ni mejor ni peor, sencillamente es diferente, se trata de adaptarse y disfrutar», explica Isabel Ramiro, que no duda un segundo antes de ponerse a saltar junto a Manuel en unos columpios en el parque.
Todo es un sobreesfuerzo en su vida porque, por ejemplo, los dos se desplazan hasta Málaga para que un neurólogo lleve el caso de Manuel, que no tiene paciencia para sentarse a pintar un dibujo y aborda a los adultos sin inhibición alguna, para jugar, por ejemplo, con la cámara de fotos de uno de los reporteros. «Él va a estar conmigo hasta la mayoría de edad como mínimo y luego ya veremos, yo tengo claro que no le va a faltar de nada, ya le buscaremos solución a lo que vaya saliendo», apostilla su madre, quien ni siquiera justifica el hecho de haber dado el importante paso de acogerlo, sino que lo ve como algo normal.
Isabel, en realidad, forma parte de un programa de Acogimiento Profesionalizado, que es una modalidad simple o permanente -este último es el caso de Manuel- que se aplica para niños y niñas con graves necesidades especiales ocasionadas por una enfermedad grave, problemas de conducta, discapacidad física, psíquica o sensorial o menores que precisen de un apoyo especial debido a los malos tratos o abusos sexuales sufridos. Además, frente al resto, está remunerada económicamente.
Si impresiona su historia, más sobrecoge aún cuando esta profesora de Educación Especial se despide con naturalidad diciendo: «Yo no descarto optar a otro acogimiento».