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miércoles

Trece menores vallisoletanos siguen esperando una familia de acogida

Cruz Roja forma nuevas familias de acogida


Actualmente participan 67 familias vallisoletanas pero todavía hay trece menores que siguen a la espera de ser acogidos

 


Trece menores vallisoletanos siguen esperando una familia de acogida y por este motivo y durante los días 3 y 6 de julio, en horario de 9 a 14, la Institución formará a futuras familias acogedoras en diversos temas como el conocimiento de los aspectos legales del acogimiento, comprender las posibles dificultades de la familia biológica, la preparación de las futuras familias acogedoras para afrontar posibles dificultades, entender algunos de los sentimientos del menor que llega a una familia de acogida, el posible desajuste y proceso de adaptación que supone para las familias el inicio de un acogimiento, la adaptación y los problemas más comunes o conocer por qué algunas pautas educativas pueden ser más útiles que otras al cuidar a un menor en acogimiento.

Mónica Monge, trabajadora social de Cruz Roja en Valladolid, explica que «el acogimiento familiar no es una adopción. El objetivo es proporcionar a los menores una atención familiar sustitutoria o complementaria a la de sus propios padres, durante un tiempo determinado cuando éstos están atravesando por graves problemas, que les impide atenderles adecuadamente».

Bebés o adolescentes


Los menores pueden ser desde bebés hasta adolescentes, y grupos de hermanos. Algunos de ellos pueden presentar necesidades especiales de tipo físico, psicológico o sensorial. La diversidad en edad, características y situaciones de los menores establece que el acogimiento sea también heterogéneo, es decir, hay diferentes tipos en función de la finalidad, la duración, el tipo de atención dispensado al menor, la forma jurídica según la aceptación de la familia biológica… El tiempo de acogimiento estará determinado por las necesidades, edad y situación del menor y de su familia. Raquel Lozano, Psicóloga del programa, puntualiza que «la familia acogedora realiza un ofrecimiento libre, responsable y desinteresado donde lo más importante es que tenga ganas e ilusión de hacer sitio en su hogar a uno o varios niños. No importan la edad, el sexo, el estado civil o la posición socioeconómica».

Desde Cruz Roja se ofrece información, apoyo, asesoramiento, formación, acompañamiento y seguimiento a lo largo de todo el proceso de acogida. Todo un soporte que, además, se ve reforzado por grupos de apoyo y autoayuda y un servicio telefónico disponible 24 horas.

Se buscan familias de acogida en San Fernando

Una segunda oportunidad


Los miembros de ACCAM buscan familias de acogida en San Fernando para atender a los más de 200 menores gaditanos en situación de desprotección



«Toda persona se merece una segunda oportunidad». Una frase socorrida a la que se acude con frecuencia para dar algún tipo de consejo, pero que en la práctica resulta complicado de observar. Más aún si se trata de menores en situación de desprotección, porque hay casos en los que según la edad, las segundas oportunidades no llegan.

Para que esto no ocurra, trabaja el coordinador del programa 'Acógeles' de la Asociación Andaluza de Centros Católicos de Ayuda al Menor (ACCAM), Juan Vizuete. Actualmente se encuentra en La Isla realizando una labor de información y búsqueda de familias. Y es que San Fernando solo cuenta con una familia adscrita al programa, cuando existen más de 200 niños que precisan de una 'familia canguro', como prefiere llamar a esas personas que ofrecen su cariño a aquellos menores con problemas.
«Existen varios conflictos que surgen y que hace que un niño viva en una situación que no es la adecuada. No se trata de jóvenes que tienen una ficha delinquiva considerable, sino de pequeños que no han tenido el cariño de sus padres, que viven con una madre toxicómana o con un padre que les pega. Ahora hay muchas familias con problemas económicos para atender a sus hijos y que precisan de una ayuda para que no estén desatendidos».

De ahí la importancia de 'Acógeles', un programa de Mediación para el Acogimiento Familiar de Menores que se encuentran en situación de desamparo, en familia ajena, mediante convenio con la Dirección General de Infancia y Familia de la Consejería para la Igualdad y Bienestar Social de la Junta de Andalucía. Existen dos modalidades, la temporal y la indefinida, pero ambas pretenden proporcionar un contexto seguro y estable en un sistema familiar, cuando el suyo propio, por un tiempo o de forma definitiva, no puede hacerse cargo de ellos adecuadamente.

«Otro obstáculo con el que nos encontramos es que hay familias que no se atreven a realizar a cabo esta experiencia porque tienen miedo a que les quiten el niño. En este sentido somos egoístas porque de lo que se trata es de ofrecer las herramientas para que puedan ser independientes y que vuelvan con su familia en caso de que se hayan solventado los problemas».

Pero es difícil romper con ciertas barreras ideológicas. Por ello los niños mayores de siete años cuentan con mayores problemas para encontrar una familia de acogida. «Es una pena porque son niños que evolucionan mucho mejor en un ambiente familiar. Incluso a ellos se les explican y piden irse con una familia de acogida antes de estar en un centro. Saben que sus padres no pueden hacerse cargo de ellos en estos momentos y que otras personas los cuidarán. Es curioso que los pequeños lo entiendan mejor que los mayores».
En San Fernando colaboran con ellos la iglesia de la Sagrada Familia, en Bazán, y la de Buen Pastor. Incluso su párroco, Fernando Cordero ha creado un libro 'El álbum de Javi', en el que se explican los beneficios que para los menores tiene el estar con una familia de acogida.

«Seleccionamos tanto a las familias como a los niños y lo hacemos para que los pequeños vean que hay otro camino más allá de los graves problemas que han observado en su entorno casi diariamente».

Vía lavozdigital.es

lunes

Los niños pagan los platos rotos de la crisis

En Granada, los servicios sociales municipales trabajan por paliar esta realidad

Unicef ha levantado la alarma al asegurar que más de dos millones de menores viven por debajo del umbral de la pobreza en España.


La voz de alarma ya ha saltado. La crisis no sólo está afectando a familias, trabajadores y en definitiva a gente adulta sino que los menores, nuestros niños, se están convirtiendo en víctimas secundarias de recortes, paro y pérdidas económicas a pesar de ser sus últimos responsables. Así lo alertó Unicef hace unas semanas con su estudio El impacto de la crisis en los niños, en el que decía que "la crisis económica está teniendo un enorme impacto sobre la infancia, a pesar de lo cual se trata de un tema que permanece prácticamente invisible en el discurso político, social o mediático". Es más, dice que un modelo de "crecimiento equitativo, que invierta en infancia, en educación y en salud, conlleva un crecimiento más sostenible y más prolongado en el tiempo", y la inversión en estos tres capítulos en España está más en el aire que nunca en estos momentos.

El estudio arroja el preocupante dato de que en España la cifra de pobreza infantil ha crecido un 10% en sólo dos años y ya son 2.200.000 los menores de 18 años que viven en hogares que están por debajo del umbral de la pobreza. Son 205.000 niños más en esta situación en dos años (había unos dos millones en 2008). Del total, el 13% viven en hogares con un nivel de "pobreza alta".

En Andalucía el 24,6% de los niños de 0 a 17 años vive en riesgo de pobreza según el INE. En la provincia de Granada hay 174.593 menores de edad, por lo que si se extrapola el porcentaje se podría estar hablando de casi 42.000 menores granadinos en riesgo.

Según Unicef, la pobreza infantil estaba estabilizada durante años en el 24% de la población menor de edad pero de 2009 a 2010 subió al 26%. Además, concluye varias realidades también preocupantes: hay más niños pobres y además de ser más, también son más pobres. "Al haber bajado los ingresos medios de los hogares en España, se ha reducido el umbral de ingresos que se considera para medir el riesgo de pobreza. Por ejemplo, para una familia de dos adultos con dos niños este umbral ha pasado de 16.684 euros en 2009 a 15.820 en 2011". La intensidad de la pobreza es la cifra más alta de los países de la UE de los 15 y sólo está por debajo de Rumanía y Bulgaria en la Europa de los 27. Además, el impacto de la crisis ha sido más duro en los hogares con niños que en el resto de hogares.

Así, Unicef alerta de que "la pobreza ya tiene, definitivamente, cara de niño". En los hogares, al bajar los salarios y aumentar el paro y los impuestos, por ejemplo, hay familias que tienen que cambiar de domicilio a otro peor porque no pueden pagarlo, quitar a los niños del comedor escolar o de actividades extraescolares o deportivas, reducir la compra de necesidades como ropa o calzado y recurrir cada vez más a la ayuda de organizaciones sociales porque no sólo se incorporan nuevos hogares a la pobreza sino que los que ya había se agudizan. Además, la reducción de ayudas monetarias a las familias y a la infancia desaparecen o se restringen, por lo que se empeoran muchas situaciones.

Para todo esto, el Ayuntamiento de Granada, como Ciudad Amiga de la Infancia (la única de la provincia) de Unicef dispone de un amplio programa de intervención con menores con servicios y actividades que están cada vez más demandadas en estos tiempos de crisis y que buscan la protección de los menores. En la capital viven 40.270 menores de 18 años.
Según el concejal de Familia, Bienestar Social e Igualdad de Oportunidades, Fernando Egea, el Ayuntamiento tiene como prioridad intervenir en problemáticas de riesgo y vulnerabilidad en la infancia, que la crisis está agudizando, y proporcionar a los menores la atención de sus necesidades básicas que les permitan acceder a los recursos normalizados y promover su integración social.

"La intervención con menores es muy transversal y trabajamos con los Servicios Sociales Comunitarios para detectar cualquier aspecto de riesgo social", explica Egea. En Granada hay 8 Centros de Servicios Sociales en los ocho distritos con psicólogos, trabajadores sociales, educadores y animadores.
Uno de los muchos programas de intervención municipal es la ayuda económica familiar, que se gestiona mediante cooperación entre la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Granada. Es una prestación complementaria de los Servicios Sociales Comunitarios, de carácter preventivo, que se concede a familias para atender las necesidades básicas de menores a su cargo cuando no tienen recursos suficientes. El objetivo es evitar su institucionalización y posibilitar su integración en el entorno familiar. Estas ayudas económicas se han duplicado en los últimos años para ayudar a "familias con problemas graves a que paguen su hipoteca, el alquiler o la manutención de los niños", explica el concejal. Para acceder a la ayuda económica hay que pasar un estudio exhaustivo por parte de los profesionales del área y no suele pasar los mil euros. No es una mensualidad fija -se da como mucho durante seis meses- sino que se otorga en función de las necesidades de cada familia "y con el compromiso de que van a colaborar y utilizar bien el recurso. Es un empujón para muchas familias que puntualmente necesitan una ayuda".

Pero no es sólo la ayuda económica sino que las familias que lo solicitan reciben atención integral sobre su situación y los recursos a los que pueden tener derecho. "A muchos se ayuda a gestionar el paro, el salario social o la ayuda por hijo a su cargo". Según Egea, no hay un perfil tipo de familia ya que con la crisis está aumentando las familias de clase media que ya tienen que pedir ayuda aunque sí reconoció que muchas son monoparentales.
"En estos casos también se les envía a programas de empleo para que puedan contar con una salida profesional", matiza el concejal.
Durante 2011 se destinaron más de 200.000 euros a ayudas económicas familiares que repercutieron en la atención de 768 menores en situación de riesgo social. Se tramitaron en concepto de manutención, vivienda, escuelas infantiles, comedor escolar, apoyo, atención y cuidado de menores así como gastos sanitarios y escolares de los niños.

Con la crisis también aumenta la mendicidad. Aunque según el Ayuntamiento no se están detectando casos significativos, hay un protocolo para todos los menores de 0 a 16 años que practiquen actividades de mendicidad "mediante la petición de dinero o limosna de palabra u obra"; menores que practican mendicidad encubierta: venta de pañuelos, flores, limpieza de cristales, etcétera; y menores que practican mendicidad acompañados, que son retirados de inmediato del núcleo familiar.

Sobre los menores que intervienen los Servicios Sociales Comunitarios son aquellos que se encuentran en situación de riesgo por existir carencias en la atención de las necesidades básicas que los menores necesitan para su correcto desarrollo físico, psíquico y social y que no requieran su separación del medio familiar. Cuando detectan un riesgo, ponen en marcha un proyecto de intervención individual con distintos recursos.

Otra de las situaciones en las que se interviene es en el absentismo escolar y cuentan con dos comisiones municipales específicas en la zona Norte y en el Zaidín. En estos barrios se ha trabajado durante 2011 con 4.239 menores. En la zona Norte se ha conseguido reducir la tasa de absentismo del 17% en 2004-2005 al 4,5% en 2010-2011. Ese curso se intervino en Servicios Sociales con 137 familias en las que los menores presentaban un "absentismo grave".

El catálogo de recursos para los menores continúa con las intervenciones específicas de los Servicios Sociales Comunitarios en caso de menores con problemas de integración, conflictivos o adicciones (para lo que se cuenta con un centro de día de Aldeas Infantiles y otros proyectos de Aldaima, Albihar y Cruz Roja), hay un centro de Atención familiar a través de la Entidad Adultos Cartuja, talleres y proyectos socioeducativos (en los que han participado más de 5.700 menores de octubre de 2011 a mayo de 2012) y las actividades de periodos vacacionales para Navidad, Semana Santa y Verano. De hecho, las Escuelas de Verano están a punto de comenzar y asistirán unos 266 menores.
La prevención del consumo de drogas, el programa Rebélate y las actividades de igualdad y corresponsabilidad completan la oferta.

Vía granadahoy.com

miércoles

EL FUTURO DE LOS MAS PEQUEÑOS

Unos 150 niños viven en centros de menores a la espera de ser acogidos

Vivir con la familia biológica no siempre es garantía de una infancia feliz. A veces, es sinónimo de todo lo contrario. Crecer en un entorno desestructurado, ser víctima de abusos o malos tratos, de negligencia en el cuidado o sufrir la muerte de los progenitores puede llevar a los servicios de protección de menores a actuar para asumir la tutela de un niño. En estos casos, los chicos, ya sean bebés o adolescentes, dejan automáticamente de vivir con sus padres para trasladarse a un centro de menores y de ahí, cuando hay suerte, a una familia de acogida.

El acogimiento es una fórmula que permite a los menores evitar que su infancia suponga una peregrinación por centros de menores y la posibilidad de rehacer sus vidas en un entorno familiar. Aunque la primera opción que se baraja cuando se produce una declaración de desamparo es el acogimiento en familia extensa (normalmente abuelos o tíos), esta vía no siempre es posible, por lo que se recurre a la generosidad de familias ajenas que deciden hacerse cargo de los menores. En la provincia de Córdoba hay 22 niños menores de siete años y 139 que superan esta edad que viven de forma permanente con una familia que no es la suya frente a un total de 79 que lo hacen con parientes.

La Junta de Andalucía establece tres tipos de acogimiento. El de urgencia, para bebés y niños muy pequeños; el acogimiento simple, de carácter temporal, y el permanente, que puede darse en niños de cualquier edad.

NO ES UNA ADOPCION

La diferencia entre un acogimiento y una adopción es, básicamente, que la relación con la familia biológica no se rompe y que la tutela de los menores no pasa a los padres de acogida sino que reside en la Administración.

Según la asociación AVAS, encargada de gestionar los acogimientos en Córdoba, el acogimiento permanente de niños mayores de siete años es el más difícil. "Las familias quieren tener en casa a niños muy pequeños porque imaginan que dan menos problemas, pero hay una gran necesidad de acoger a los que son un poco mayores porque de ello depende que estos niños tengan un futuro", explica una de las responsables de la entidad. Y es que no hay que olvidar que la ley considera que los niños al cumplir 18 años dejan de ser menores, por lo que muchos de los niños que han sido retirados de sus familias por problemas importantes, si no han sido acogidos, se ven abocados a volver con sus familias biológicas al cumplir la mayoría de edad porque ya no tienen adónde ir. Solo en Córdoba, alrededor de 150 niños viven en centros de menores, de los cuales una decena son mayores de siete años y están ya esperando el acogimiento. "Otros muchos se pasan la infancia en centros, donde por muy bien que estén, nunca es como vivir en una familia".

"En la provincia hay familias en lista de espera para acogimientos de urgencia, es decir, para acoger temporalmente a bebés que han sido retirados a sus familias y están a la espera de una adopción, el problema está en encontrar a los que quieran hacerse cargo de niños más mayores y de forma indefinida", comentan desde AVAS.

 

martes

IV Encuentro de Familias Acogedoras de Urgencia. Granada 2012.


El sábado de 16 de Junio nos reunimos las familias acogedoras simples en la modalidad de urgencia

El sábado de 16 de Junio nos reunimos las familias acogedoras simples en la modalidad de urgencia, para compartir experiencias e inquietudes. 

Nuestro primer encuentro lo hicimos participando en la Feria Primar que organizaba la Asociación Mamilactancia, (la cual nos ha vuelto a invitar para estar presente con otro Stan Informativo en su próxima feria).  Los tres años siguientes preparamos talleres más formales con temáticas apropiadas para el trabajo que venimos desarrollando.
En el año 2009 analizamos el momento de la despedida. 

Al año siguiente empezamos a pedir colaboración a nuestros acogedores; Montserrat Sanchez Ferrer nos ilustró con una charla sobre la alimentación infantil.

El año pasado la colaboración la pedimos a las compañeras de Aldaima,  nuestra asesora jurídica Yolanda Solana, explicó el Informe de la Comisión Especial de Estudio del Senado sobre “La Problemática de la Adopción Nacional y otros Temas Afines” (17 noviembre 2011); que informó de la realidad actual del sistema de protección dando una visión de por donde van a ir las políticas en esta materia. Y nosotros analizamos algunos aspectos que aparecían en dos ponencias que realizaron expertos sobre acogimiento Palacios y  Amorós, que eran muy relevantes para actividad que realizamos como familias acogedoras.

Este año también pedimos la colaboración a otra compañera de Aldaima  Isabel Belda Suarez , psicóloga,  que nos habló sobre las “FASES DEL DESARROLLO INFATIL, sobre todo en el AREA PSICO-AFECTIVA”, haciendo énfasis en las edades de 0 a 7 años que son las edades que atendemos. 

Le dimos un carácter más informal a este día, pues entendimos que mas convivencia y cercanía nos fortalece como grupo. 

En este punto recordamos con cariño a las familias que desde 2008 han participado en  esta tarea y que en la actualidad, por diferentes circunstancias, ya no forman parte activa de la bolsa de  familias acogedoras de urgencia. Hemos sido 33 familias.  Ahora mismo la bolsa está compuesta por 21 familias (18 idóneas y 3 en proceso de estudio).

Hemos acogido en nuestro hogar a 67 menores, y salvo en escasas ocasiones (que FAU ha pasado a AFS), hemos cumplido con los tiempos  promedios de estancia de los menores en nuestras familias.  Lo que significa que hemos tardado, alrededor 6,4 meses, en encontrar una solución definitiva para los problemas de  estos niños y niñas.   Este último dato, ya por sí sólo da sentido al esfuerzo que realizan nuestras familias, y al desgaste al que exponen a toda su familia en cada experiencia de acogimiento.

Ya lo hemos trasladado en muchas ocasiones, pero si no fuera por familias como estas, el Acogimiento Familiar, la mejor medida de protección que conocemos, no sería posible. Por eso de nuevo, desde el equipo de Aldaima, queremos expresaros nuestro reconocimiento y agradecimiento. 

El mundo de Rafael e Isabel cambió de forma radical hace ocho años

«Acoger a dos niños ha sido la decisión más gratificante de nuestra vida»

Rafael e Isabel son una de los numerosas familias solidarias que cuidan a menores temporalmente para evitar que vivan en un centro de acogida

 

acogimiento familiar permanenteEl mundo de Rafael e Isabel cambió de forma radical hace ocho años. Sus vidas, cuentan al recodarlo, «se iluminaron de una manera especial». Aquella primavera de 2004 el matrimonio, afincado en la capital y sin hijos, tomó una de las decisiones más importantes de su vida y, sin duda, «la más acertada». «Fue por casualidad», sostiene Isabel, quien añade que, si pudiera retroceder en el tiempo, «no dudaría en volver a hacerlo». Aquel año la pareja había decidido acoger un niño saharaui durante los meses de verano. «Cuando fuimos a preguntar al ayuntamiento sobre el procedimiento de acogida, nos ofrecieron la posibilidad de participar en el Programa de Mediación para el Acogimiento Familiar de Menores de la Consejería de Igualdad».

Aquel día informaron a Isabel y a Rafael que en la provincia de Almería había muchos menores en situación de desamparo y a la espera de recibir el calor de una familia. «No lo dudamos ni un segundo», afirma Isabel. De hecho, esa misma semana el matrimonio inició todos los trámites para poder acoger a un menor. «Nos decantamos por un niño, de entre tres y siete años, y por la vía del Acogimiento simple, es decir, por un periodo máximo de dos años», cuenta Rafael.

La familia llevó a cabo un curso de formación y todo el proceso de valoración para averiguar si eran aptos o no para llevar a cabo la acogida. Fue en ese momento cuando el equipo técnico del programa, gestionado entonces por el colectivo Mujeres Progresistas y desde 2006 por Cruz Roja, propusieron a Rafael e Isabel llevar a cabo un Acogimiento permanente, es decir, aquel que contempla un periodo de tiempo mayor que el Acogimiento simple (uno o dos años), que requiere dotar al menor una medida de protección con mayor estabilidad y que se puede prolongar de forma indefinida. «Una vez analizadas las características familiares y personales de Rafael e Isabel, les propusimos que acogieran a dos hermanos, un niño de 9 años y una niña de 8 que, por distintos motivos, no podían estar con sus padres biológicos», explica Mari Carmen González, responsable del Programa de Acogimiento Familiar de Cruz Roja en Almería.

El matrimonio aceptó y comenzó el proceso de Acoplamiento. «Íbamos cada día a visitar a los dos menores al centro de acogida donde estaban. Fue un proceso de adaptación para ellos y para nosotros. Aprendimos a conocernos y a querernos», recuerda Isabel. Tras un periodo de tres meses, llegó el momento más crucial. «La primera vez que los niños entraron en casa -precisa Rafael- estábamos muy nerviosos. Nos convertimos en una familia de la noche a la mañana». Y desde ese momento se hicieron inseparables. «Nuestra vida no se podría explicar sin nuestros niños», explica Isabel, quien detalla que «la convivencia en familia durante ocho años ha llenado nuestras vidas de luz y amor».

Este año el niño cumple 18 años y su hermana lo hará el año que viene. «Se supone que con la mayoría de edad el acogimiento llega a su fin pero cada vez que hablamos con nuestros ellos de esta cuestión lo tienen claro, ya son parte de esta familia y no se irán nunca», sostiene Rafael, que recuerda que los dos hermanos comenzaron a llamar al matrimonio «papá y mamá» a las pocas semanas de estar en casa. Si bien Isabel aclara que los dos adolescentes ven a su madre biológica una vez al mes en la sala de encuentro que Cruz Roja tiene en la capital. «Es muy importante para ellos tener contacto con su madre. En fechas señaladas, como algún cumpleaños, también suelen tener contacto», aclara Rafael, quien sostiene que los niños se sienten arropados tanto por ellos, como padres de acogida, como por su madre biológica.

Menores en desamparo

Los dos niños acogidos por Rafael e Isabel forman parte de los 150 menores tutelados que se encontraban en acogimiento familiar en nuestra provincia el pasado año. El objetivo del Programa de Acogimiento Familiar es dar respuesta a las necesidades de determinados niños y niñas que no pueden ser atendidos adecuadamente por sus padres o tutores, por medio de la convivencia e integración en otro núcleo familiar donde puedan recibir una atención integral.

En la actualidad, y haciendo referencia a datos publicados recientemente por la Delegación Provincial para la Igualdad y Bienestar Social, la provincia almeriense cuenta con 481 niños y niñas, españoles y extranjeros, que se encuentran en situación de desamparo. Los treinta centros de los que dispone la Administración en la provincia destinados a estos menores tutelados registran una ocupación de más del 90%, datos que justifican una creciente necesidad de familias acogedoras.

El acogimiento familiar presenta diferentes modalidades. Según el tiempo de duración, el Acogimiento puede ser simple o permanente. En el Acogimiento simple está previsto que el menor vuelva con su familia en un tiempo establecido o que pase a otra medida de protección, además, este tiene una duración máxima de uno a dos años. El Acogimiento permanente -dirigido a niños mayores de 7 años- es aquel en el que no hay previsión de retorno a la familia de origen, y el periodo de convivencia con la familia acogedora puede llegar a ser indefinido.

Vía ideal.es

lunes

Aldaima ha integrado a más de 500 menores en la última década

Madre sí hay más que una

18 menores de la provincia esperan una familia de acogida · La asociación Aldaima, que ha integrado a más de 500 menores en la última década, media

 

Las cajas de bienvenida contienen un poco de todo: fotos, cartas, juguetes… Es un método que se utiliza para que las familias conozcan al niño y viceversa. Tiene mucho de simbolismo, de realidad, de deseo y, sobre todo, de sentimiento. Su efectividad está contrastada, ya que por ejemplo cuando ambas partes se encuentran físicamente por vez primera ya saben sus gustos, su residencia, sus edades o los miembros de cada familia. Luego hablarán y, si todo marcha bien, convivirán juntos.

Es parte de la intermediación que lleva a cabo la Asociación Andaluza de Apoyo a la Infancia (Aldaima), habilitada por la Consejería de Salud y Bienestar Social y que desde el año 1999 ya ha logrado el acogimiento de más de 500 menores en la provincia en los diferentes programas en lo que trabaja.

Entre sus prioridades se encuentra ahora el permanente en familia ajena, es decir, núcleos que ofrezcan un hogar a niños que, por lo general, ya han superado los 5 o 6 años y hasta que se emancipen. Se aceptan grupos de hermanos, a los que se intenta no separar. En la provincia hay ahora 18 menores que reúnen este perfil (6 grupos de hermanos).

Son niños tutelados por Menores porque sus padres biológicos no están en condiciones de hacerse cargo de ellos, bien porque fallecieron o bien por otras casuísticas. Llegan a este punto cuando ya ha fracasado la reintegración y cuando se ha descartado que su familia pueda atenderlo. Mientras, esperan un nuevo hogar o están acogidos de urgencia o con una familia de forma temporal o residiendo en un centro.

Cuando se alcanza esta situación, el regreso con los padres biológicos es una puerta cerrada. "Ese programa ya se intentó y se descartó. Buscamos una estabilidad. El niño no puede estar dando tumbos en función de las circunstancias de los mayores. La familia tuvo su programa y ese tiempo se ha agotado", explica la presidenta de este colectivo, Concha Cuéllar Hurtado.

Eso sí, aclara que los acogedores deben tener claro que esos menores tienen un pasado. "Esos niños no renuncian ni a su origen ni a mantener contactos con su familia. Hay que tener en cuenta que no son tan pequeños como para olvidar su historia. Tienen sus vinculaciones. Eso es determinante en este acogimiento".

Es Protección de Menores quien valora las visitas y con quién las mantiene. Así se programan, por ejemplo una hora una vez al mes, en espacios habilitados por la Junta de Andalucía y son supervisadas. "No hay que olvidar que estos encuentros son deseados y naturales".
Hay casos de padres biológicos que aceptan que su hijo se críe en otro entorno, otros directamente no y el tercer tipo son aquellos que durante el proceso lo van asimilando. "Lo deseable es que acepten y cada vez más lo van entendiendo. Hay padres orgullosos de que vivan con una familia en vez de un centro porque van viendo los beneficios. Para el niño es muy bueno que acepten porque piensa: estoy donde todo el mundo quiere que esté".
En este punto, también juega un papel determinante la labor de concienciación de los profesionales. De lo que no cabe duda es de que es mejor que el chico esté en un núcleo familiar tanto de manera temporal como permanente, además, ya se ha convertido en una prioridad judicial. Es mejor porque se acentúa su sentimiento de pertenencia y por las rutinas.

No piensen en niños problemáticos, aunque algunos, lógicamente, arrastran las secuelas de las situaciones que han vivido, lo que se puede traducir en un pequeño retraso académico o en algún problema emocional. "Se retrasan en gran parte durante su periodo en la familia temporal o en el centro de acogida". A los acogedores se les informa de estas circunstancias.
No hay un perfil específico para los interesados en acoger. "No les pedimos nada y les pedimos muchísimo. Esto es un proyecto de solidaridad, es un reto y se requiere cierta estabilidad y compromiso. Es tener muy claro cómo entras a colaborar y qué se te va a requerir", apunta la coordinadora del programa de acogimiento en familia ajena de Aldaima, Karima El-Harchi.

Y luego llega el proceso de acoplamiento. Se cruzan los perfiles, se ven las compatibilidades y se propone. Quien da el sí definitivo es Menores. Antes del cara a cara se trabaja con ambos bandos. Sirve como ejemplo la caja de bienvenida relatada al inicio del artículo que acerca las dos realidades. "Hay algunas preciosas", confiesa Karima El-Harchi.

La incorporación es gradual. Primero contactos de horas, de días, de fines de semana, de puentes o de vacaciones. Y cuando ambas partes están deseando esa convivencia, porque al fin y al cabo es lo natural, es cuando se formaliza el acogimiento.

Al principio va acompañado de su educador, que es su figura de referencia, luego los referentes pasan a ser sus nuevos padres. Los primeros encuentros, que pueden ser en un parque, son cortos porque las reacciones emocionales son muy fuertes y desgastan. Terminan siendo espontáneos. "Es como una luna de miel. Todo el mundo va a enamorarse", define El-Harchi.
Pero, claro las cosas requieren su tiempo. Suele pasar que las familias presionan para acelerar el proceso, "pero es mejor parar. Hay que esperar. Al principio, el niño es muy complaciente, quiere agradar, se quiere portar bien y luego va saliendo su naturalidad". En el tiempo de acoplamiento, la edad juega un papel fundamental: en los más pequeños es más rápido.

Este programa ha dejado en su tiempo de vida un buen balance de resultados. De hecho, califican de anecdóticos los fracasos, en un porcentaje muy inferior que en otros países. El primer año es el más duro, porque es el de los ajustes. No obstante, Aldaima recuerda que el acogimiento no se acaba cuando se incorpora el menor a la familia. Luego detrás hay un equipo de apoyo que realiza un seguimiento y que interviene en algunos momentos. El colectivo recuerda en que hay etapas en las que los niños se ponen más difíciles, como la adolescencia, y aparecen los choques de carácter.
Las acogidas tampoco son ajenas a la crisis económica. Básicamente cuesta más la captación. "Quizás no creo que sea tanto por el tema económico, como que la gente no está ahora mismo en esa disposición de un proyecto que implica tanto personalmente, que requiere un esfuerzo... Las personas tienen otras preocupaciones. Están pasando momentos de ajuste, de dificultad, de más horario de trabajo y de cambios. Esto requiere un momento de estabilidad, de sosiego, de estar muy bien en el núcleo familiar. Es una decisión de grupo. Entonces, hay que entender que en la  situación actual es más difícil que se dé esa circunstancia".

Vía granadahoy.com

jueves

II Gran Fiesta de los Alimentos


Acompaña a Aldaima en la II Gran Fiesta de los Alimentos

El próximo 2 de Junio en el Paseo del Salón se celebrará la segunda edición de la Gran Fiesta de los Alimentos, esta actividad promovida por Mercagranada busca fomentar el consumo de productos frescos, además tendrá un fin benéfico, durante la fiesta se realizará una operación kilo a favor del Banco de Alimentos para colaborar con los que más lo necesitan en estos momentos difíciles.

Aldaima tendrá una presencia importante dentro del enento, contará un taller. Ven y participa con nosotros. 
 
MERCAGRANADA, apuesta por el apoyo de la Dieta Sana en la INFANCIA.
Por ello, invita a las familias a que asistan con los más pequeños a esta Gran Fiesta donde podrán disfrutar de un sin fin de actividades diseñadas para ellos:

- FUTBOLÍN HUMANO, juego de gladiadores, TALLERES de maquillaje y GLOBOFLEXIA

- PODRÁS COCINAR CON CHEFS PROFESIONALES que te enseñarán ¡EN DIRECTO!

- Colabora la Asociación Aldaima, de apoyo a la infancia, con su TALLER DE MARIONETAS

- Y lo más importante, podrás contribuir con el Banco de Alimentos en la Operación Kilo.

- Y además ¡¡SORTEAREMOS UNA BICI!!


Sábado 2 de junio, de 11 a 14h, en el Paseo del Salón



¡¡¡NO TE LA PIERDAS!!!

miércoles

El 92% de los menores alcanzaron una convivencia positiva con la familia de acogida

La mayoría de menores en acogimiento familiar se adapta positivamente en contra de la creencia popular


La mayoría de menores en situación de acogimiento se adapta positivamente a la familia de acogida según un estudio realizado desde el grupo de investigación Desarrollo y Contextos Educativos de la Universitat Jaume I de Castellón, que concluye que el autoconcepto que tiene de sí mismo el menor es la variable más determinante de cara a una correcta adaptación a la familia y revela que es falsa la creencia popular de que son menores muy problemáticos.


En el caso de la provincia de Castellón, analizado en la tesis “La adaptación del menor al proceso de acogimiento familiar”, el 92% de los menores a los que se hizo seguimiento alcanzaron una convivencia positiva con la familia de acogida y el 60% de ellos no presentaban problemas psicológicos de ningún tipo.

A pesar de que los menores en acogida proceden de familias multiproblemáticas, con antecedentes de negligencia principalmente, presentan después de más de un año conviviendo con las familias de acogidas altos niveles generales de autoconcepto, ausencia de problemas psicológicos y una buena adaptación al acogimiento valorada por ellos mismos y por los profesionales. Alicia Ballester, autora de la tesis, destaca que estas conclusiones ofrecen “una visión positiva sobre el crecimiento personal e interpersonal ante la adversidad del menor en acogida”.

Para el desarrollo de la tesis se estudió la situación de 25 menores, que representaban la práctica totalidad de casos de acogimiento familiar en la provincia de Castellón ya que únicamente se excluyeron los casos de bebés y aquellos que llevaban menos de un año con la familia de acogida. En este sentido, Lidón Villanueva, profesora de Psicología Evolutiva y de la Educación y directora de la tesis, destaca el escaso número en la provincia de Castellón de familias ajenas de acogida, es decir, aquellas que no tienen ningún lazo biológico con el menor.

“El estudio revela que es falsa la creencia de que el menor en acogida tiene problemáticas importantes, ya que en la mayoría de los casos no aparecen problemas psicológicos ni de ningún tipo a pesar de haber pasado algunos de ellos por experiencias de maltrato, por acogimientos residenciales y por situaciones que harían probable que aparecieran problemas. Pero el dato curioso y optimista es que no se dan y, en todo caso, si se presentan problemas son mayoritariamente de conducta”, explica Villanueva.

El estudio ha analizado diversas variables como las condiciones previas del menor, las características de los padres de acogida, la personalidad del menor, etc., resultando que la variable que mejor permite predecir una buena adaptación es el autoconcepto del menor. “De todas las variables estudiadas, la que nos da la pista de si va a estar bien es el concepto que el menor tenga o se esté formando de sí mismo”. “La mejora de este autoconcepto es en gran medida resultado del efecto positivo de los padres de acogida, del cariño y el amor que le dan”, explica la investigadora ya que “el niño muchas veces por primera vez obtiene una imagen positiva de sí mismo y eso le ayuda a adaptarse mejor y a crecer”. Por ello, entre las conclusiones de la tesis se destaca la necesidad de formar a los padres de acogida en habilidades de estimulación y potenciación del autoconcepto. “Nos interesa el éxito de la acogida y sabemos que trabajando el autoconcepto va a ir bien”, destaca la investigadora.

En el caso de los menores que han sufrido situaciones de maltratos, el autoconcepto suele ser más negativo, según revela el estudio. Sin embargo, “aquellos menores cuyos padres tienen alguna problemática como adicciones, problemas psicológicos, etc., presentan autoconceptos más altos incluso que la media, es decir, ante las dificultades de sus padres ellos tienen la capacidad de distanciarse y ser autónomos, de decir esos son los problemas de mis padres y yo soy otra cosa. Eso dice mucho a favor de la resiliencia de estos niños para salir adelante y del efecto de las familias acogedoras con las que están”. La media del tiempo de permanencia con la familia de acogida entre los menores estudiados era de 6 años y la conclusión es que “esa permanencia en una familia positiva hace que los menores puedan superar sus experiencias pasadas, distanciarse de ellas, crecer y renacer frente a la adversidad. Este es el mensaje más positivo de este estudio”, resalta la profesora.

La metodología utilizada para desarrollar el estudio ha consistido en la realización de cuestionarios a los menores, a las familias de acogida y a los técnicos encargados de realizar el seguimiento, que se repitieron a los dos años. En este tiempo, de los 25 menores analizados, únicamente se produjo un caso de renuncia por parte de la familia de acogida ante los problemas de adaptación; mientras que otra de las menores decidió volver con su familia biológica al alcanzar la mayoría de edad. En este caso, Lidón Villanueva asegura que “lo normal es que cuando vuelva con sus padres ese autoconcepto, esas habilidades que ha adquirido las mantenga e incluso las transmita a su familia biológica”.

Faltan familias de acogida


El perfil de las familias acogedoras en la provincia de Castellón es de padres con estudios medios y con edades muy altas, el 80% de los cuales tienen hijos biológicos y algunos incluso nietos. En gran parte de los casos la madre, ama de casa, se encarga del cuidado de los menores. Además, la mayoría tienen acogimientos sucesivos ya que casi todos repiten. “Para las familias la experiencia es totalmente positiva, desearían más espacio físico y más tiempo para tener más oportunidades de ayudar a los chavales. Y eso a pesar de que cuentan que el momento de la despedida es duro, porque es necesario que se produzca una vinculación afectiva, pero ellos tienen la gratificación de que pueden acoger a un nuevo menor y de que luego muchos mantienen relación”. Desde el primer momento que entra el menor a una casa, los técnicos advierten a la familia de que tienen que preparar la despedida. Por ello, el acogimiento es un sentimiento altruista, sin sentido de propiedad y en el que lo que se busca es hacer el bien a muchos niños y niñas.

El bajo número de familias acogedoras en la provincia de Castellón hace necesaria, según Villanueva, la difusión de este recurso, especialmente entre nuevos perfiles como colectivos relacionados con el cuidado a los demás, de forma que se contara también con familias acogedoras más profesionalizadas como ocurre en otros países europeos y que resultan especialmente útiles para la acogida de menores que requieren cuidados especiales. Además de este tipo de acogimiento de menores con necesidades educativas especiales, hay distintos tipos de acogimientos: de urgencia, para tan solo unos días o semanas hasta que se busque una salida a una situación sobrevenida; acogimiento simple, de uno o dos años; y permanente, cuando se superan estos tiempos. Entre las conclusiones de la tesis se hace hincapié en la necesidad de divulgar este recurso con el fin de conseguir más familias voluntarias, de cualquiera de estos tipos, ya que se ha demostrado que los resultados son altamente positivos.

jueves

"Los tentáculos de la crisis están haciendo mella en el desarrollo de las medidas de protección"

Familias con niños acogidos sufren los recortes de la Junta

El Defensor del Pueblo Andaluz advierte que los poderes públicos están obligados, aun en tiempos de crisis, a prestar una protección especial a la infancia y la adolescencia

 

Una abuela tiene a sus dos nietos en acogimiento familiar desde que nacieron y se lamenta de que desde hace unos meses no se le abona la compensación económica, a pesar de tener una situación económica muy precaria. "Desde enero de este año, por asuntos burocráticos, no obtenemos las mensualidades de los menores. Están enfermos los dos. Señor, hágase una idea de mi situación, cobro una pensión de viudedad de 485 euros".

Unos padres con tres hijos acogen a dos sobrinos, de 6 y 3 años, para que éstos no vayan a un centro de protección. Se quejan de que la Administración, tutora de los menores, no les concede una ayuda para evitar que la economía familiar se vaya a pique. La Junta alude a la crisis y los problemas presupuestarios de la Dirección General de Infancia y Familia.

Éstos son algunos de los testimonios que el Defensor del Pueblo Andaluz recoge en la memoria anual de 2011 que la institución dedica a los menores y que entregó ayer al presidente del Parlamento, Manuel Gracia.

En un capítulo especial sobre los efectos de la crisis en los menores, la oficina dirigida por José Chamizo lamenta que "los tentáculos de la crisis están haciendo mella en el desarrollo de las medidas de protección" de estos menores declarados en desamparo y tutelados por la Administración andaluza. En el mejor de los casos, estos niños pasan a estar con su familia extensa (abuelos, tíos,...), quienes "se lamentan de no estar recibiendo o cobrando con una excesiva demora las ayudas económicas destinadas a sufragar los gastos inherentes al cuidado de los menores a su cargo".

El Defensor del Menor recuerda que el acogimiento familiar permite un importante ahorro a las arcas públicas, ya que el mantenimiento y funcionamiento de los centros residenciales supone una inversión de unos 70 millones de euros al año, más la subvención a las entidades colaboradoras, de unos 3,5 millones. En esta colaboración también anota el Defensor recortes de la Junta, al modificarse o suprimirse algunos de los programas que desarrollaban estas entidades.

El Defensor añade en su informe otras de las deficiencias encontradas en la protección de menores, competencia que ahora ha recaído en la Consejería de Salud y Bienestar Social de la Junta. Se trata de los jóvenes que al alcanzar la mayoría de edad abandonan el sistema de protección, "un colectivo especialmente vulnerable al que no parece que se le esté prestando la atención que requiere".

Estos jóvenes ex tutelados comparten los problemas de desempleo de su colectivo, pero se enfrentan además a otra dificultad añadida: la ausencia de apoyo familiar que les obliga a madurar y asumir responsabilidades antes que quienes disponen de una vida normalizada, lo que puede provocar que algunos caigan en la marginación.

Antes estas quejas, el Defensor del Pueblo Andaluz avisa de que en su papel de velar por los derechos de la infancia y adolescencia no se puede quedar impasible ante esta realidad y debe dar la voz de alarma cuando considera que los derechos de los menores de edad se pueden encontrar comprometidos por la coyuntura económica. Censura que los avances de años anteriores "no pueden ni deben verse afectados con los recortes en políticas dirigidas a este sector de población" y subraya que los poderes públicos están obligados, aun en tiempo de crisis, a prestar una protección especial a la infancia.

En el año 2009, anota el Defensor en el informe, alrededor de 6.000 menores disfrutaron de medidas de protección en Andalucía, de los que 3.600 estuvieron acogidos por familias (el 80%, 2.944 de los cuales por su familia extensa), y más de 2.700 estuvieron ingresados en centros residenciales.

Vía www.diariodesevilla.es