Las cajas de bienvenida contienen un poco de todo: fotos, cartas,
juguetes… Es un método que se utiliza para que las familias conozcan al
niño y viceversa. Tiene mucho de simbolismo, de realidad, de deseo y,
sobre todo, de sentimiento. Su efectividad está contrastada, ya que por
ejemplo cuando ambas partes se encuentran físicamente por vez primera ya
saben sus gustos, su residencia, sus edades o los miembros de cada
familia. Luego hablarán y, si todo marcha bien, convivirán juntos.
Es
parte de la intermediación que lleva a cabo la
Asociación Andaluza de
Apoyo a la Infancia (Aldaima), habilitada por la Consejería de Salud y
Bienestar Social y que desde el año 1999 ya
ha logrado el acogimiento de
más de 500 menores en la provincia en los diferentes programas en lo
que trabaja.
Entre sus prioridades se encuentra ahora el permanente
en familia ajena, es decir, núcleos que ofrezcan un hogar a niños que,
por lo general, ya han superado los 5 o 6 años y hasta que se emancipen.
Se aceptan grupos de hermanos, a los que se intenta no separar. En la
provincia hay ahora 18 menores que reúnen este perfil (6 grupos de
hermanos).
Son niños tutelados por Menores porque sus padres
biológicos no están en condiciones de hacerse cargo de ellos, bien
porque fallecieron o bien por otras casuísticas. Llegan a este punto
cuando ya ha fracasado la reintegración y cuando se ha descartado que su
familia pueda atenderlo. Mientras, esperan un nuevo hogar o están
acogidos de urgencia o con una familia de forma temporal o residiendo en
un centro.
Cuando se alcanza esta situación, el regreso con los
padres biológicos es una puerta cerrada. "Ese programa ya se intentó y
se descartó. Buscamos una estabilidad. El niño no puede estar dando
tumbos en función de las circunstancias de los mayores. La familia tuvo
su programa y ese tiempo se ha agotado", explica la presidenta de este
colectivo, Concha Cuéllar Hurtado.
Eso sí, aclara que los
acogedores deben tener claro que esos menores tienen un pasado. "Esos
niños no renuncian ni a su origen ni a mantener contactos con su
familia. Hay que tener en cuenta que no son tan pequeños como para
olvidar su historia. Tienen sus vinculaciones. Eso es determinante en
este
acogimiento".
Es Protección de Menores quien valora las visitas
y con quién las mantiene. Así se programan, por ejemplo una hora una
vez al mes, en espacios habilitados por la Junta de Andalucía y son
supervisadas. "No hay que olvidar que estos encuentros son deseados y
naturales".
Hay casos de padres biológicos que aceptan que su hijo
se críe en otro entorno, otros directamente no y el tercer tipo son
aquellos que durante el proceso lo van asimilando. "Lo deseable es que
acepten y cada vez más lo van entendiendo. Hay padres orgullosos de que
vivan con una familia en vez de un centro porque van viendo los
beneficios. Para el niño es muy bueno que acepten porque piensa: estoy
donde todo el mundo quiere que esté".
En este punto, también juega
un papel determinante la labor de concienciación de los profesionales.
De lo que no cabe duda es de que es mejor que el chico esté en un núcleo
familiar tanto de manera temporal como permanente, además, ya se ha
convertido en una prioridad judicial. Es mejor porque se acentúa su
sentimiento de pertenencia y por las rutinas.
No piensen en niños
problemáticos, aunque algunos, lógicamente, arrastran las secuelas de
las situaciones que han vivido, lo que se puede traducir en un pequeño
retraso académico o en algún problema emocional. "Se retrasan en gran
parte durante su periodo en la familia temporal o en el centro de
acogida". A los acogedores se les informa de estas circunstancias.
No
hay un perfil específico para los interesados en acoger. "No les
pedimos nada y les pedimos muchísimo. Esto es un proyecto de
solidaridad, es un reto y se requiere cierta estabilidad y compromiso.
Es tener muy claro cómo entras a colaborar y qué se te va a requerir",
apunta la coordinadora del programa de
acogimiento en familia ajena de
Aldaima, Karima El-Harchi.
Y luego llega el proceso de acoplamiento.
Se cruzan los perfiles, se ven las compatibilidades y se propone. Quien
da el sí definitivo es Menores. Antes del cara a cara se trabaja con
ambos bandos. Sirve como ejemplo la caja de bienvenida relatada al
inicio del artículo que acerca las dos realidades. "Hay algunas
preciosas", confiesa Karima El-Harchi.
La incorporación es gradual.
Primero contactos de horas, de días, de fines de semana, de puentes o de
vacaciones. Y cuando ambas partes están deseando esa convivencia,
porque al fin y al cabo es lo natural, es cuando se formaliza el
acogimiento.
Al principio va acompañado de su educador, que es su
figura de referencia, luego los referentes pasan a ser sus nuevos
padres. Los primeros encuentros, que pueden ser en un parque, son cortos
porque las reacciones emocionales son muy fuertes y desgastan. Terminan
siendo espontáneos. "Es como una luna de miel. Todo el mundo va a
enamorarse", define El-Harchi.
Pero, claro las cosas requieren su
tiempo. Suele pasar que las familias presionan para acelerar el proceso,
"pero es mejor parar. Hay que esperar. Al principio, el niño es muy
complaciente, quiere agradar, se quiere portar bien y luego va saliendo
su naturalidad". En el tiempo de acoplamiento, la edad juega un papel
fundamental: en los más pequeños es más rápido.
Este programa ha
dejado en su tiempo de vida un buen balance de resultados. De hecho,
califican de anecdóticos los fracasos, en un porcentaje muy inferior que
en otros países. El primer año es el más duro, porque es el de los
ajustes. No obstante,
Aldaima recuerda que el acogimiento no se acaba
cuando se incorpora el menor a la familia. Luego detrás hay un equipo de
apoyo que realiza un seguimiento y que interviene en algunos momentos.
El colectivo recuerda en que hay etapas en las que los niños se ponen
más difíciles, como la adolescencia, y aparecen los choques de carácter.
Las
acogidas tampoco son ajenas a la crisis económica. Básicamente cuesta
más la captación. "Quizás no creo que sea tanto por el tema económico,
como que la gente no está ahora mismo en esa disposición de un proyecto
que implica tanto personalmente, que requiere un esfuerzo... Las
personas tienen otras preocupaciones. Están pasando momentos de ajuste,
de dificultad, de más horario de trabajo y de cambios. Esto requiere un
momento de estabilidad, de sosiego, de estar muy bien en el núcleo
familiar. Es una decisión de grupo. Entonces, hay que entender que en
la situación actual es más difícil que se dé esa circunstancia".
Vía
granadahoy.com